Política, tudosis

29 marzo 2012

¿Se atreverán a limitar el derecho de huelga?

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“¿Es una huelga general un instrumento adecuado en el siglo XXI?”. Pregunta retórica que Luis de Guindos se hacía públicamente sólo dos días antes de la huelga general del 29M, para contestarse a si mismo: “Sería cuestión de planteárselo”. Limitar el derecho de huelga es un propósito que está el el ambiente. El Gobierno lo niega. Tudosis preguntó al ministro de Economía el día siguiente de pronunciar estas palabras y lo negó: “No, por favor, no hay que interpretar eso, para nada”. Fátima Bañez también zanjó la cuestión con un tajante “No”, cuando le planteamos si existe la posiblidad de revisar el derecho de huelga. Sin embaro, la patronal insiste un día si y otro también. Y dado el éxito que han tenido sus demandas, concretadas en la Reforma Laboral, parece lógico que acaben logrando lo que a muchos políticos les parece oportuno aunque acepten comentarlo sólo en el off the record. No como Duran Lleida de CiU, que no duda en hacerlo en alto. Resquicios para modificar el derecho de los trabajadores, hay.

 

 

A Rubalcaba le parece intocable. “Es un derecho que está recogido en la constitución y en cuanto a si hay que hacer una ley o no, hay suficientes sentencias de los Tribunales. Lo que no se puede hacer es restringir el derecho de huelga mediante amenazas -más o menos veladas- como ha estado haciendo el Gobierno los días previos a la huelga“, nos dice en línea con lo que opina Ramón Jáuregui: “No se puede limitar el derecho a la huelga porque está en la Constitución”. Siempre hay un resquicio legal para modificar lo que se quiere. La prueba, la facilidad con que se tocó la Constitución para fijar un límite al déficit público. Así que pedimos a un experto como José María Zufiaur, director de Labour, director de Relaciones Laborales e Internacionales del IEIRE y consejero del Comité Económico Social de la EU, que nos aporte un poco de luz. “Por supuesto que se puede, ya que al afectar el derecho de huelga a los derechos fundamentales y las libertades públicas reguladas en el artículo 81 de la CE, requeriría mayoría absoluta, que el PP la tiene de sobra”.

 

 

En el inspirador documento que la patronal madrileña, capitaneada por Arturo Fernández, realizó el pasado octubre para que Rajoy fuese tomando nota, Propuestas de los empresarios de la Comunidad de Madrid para la recuperación económica, se pedía restringir el ejercicio de la huelga “en periodos que supongan un daño irreparable para la economía o la seguridad de personas y empresas”. Las condiciones, alegan los que están a favor de limitarlo, se dan. ¿Cómo lo pueden hacer?, le insistimos a Zufiaur. “No deseo contribuir a dar ideas en ese sentido, pero estoy seguro de que tanto la patronal como el gobierno cuentan (o pueden contratar) con expertos capaces de encontrar varias maneras para poder hacerlo. Hay que decir, sin embargo, que realizar una ley de huelga por un impulso vindicativo, sin el necesario consenso con los representantes de los titulares del derecho de huelga que son los trabajadores individuales, no haría más que incrementar el arruinamiento del consenso social y de las bases que mitigan o civilizan el conflicto social que ya se ha puesto en marcha con la reforma laboral”. Ejemplos hay de sobra en países como Reino Unido, donde los derechos de los trabajadores se quedaron tambaleando tras la aprobación de siete leyes a lo largo de diez años (1980, 1982, 1984 y 1986, 1988, 1989 y 1990). “Unas innovaciones de los ultraliberales británicos que tenían como objetivo central la destrucción de los sindicatos a través de las limitaciones para la huelga así como mediante complejas regulaciones y restricciones referentes a su funcionamiento interno”, recuerda Zufiaur.

 

 

 

No hay que olvidar que el Gobierno de Felipe González trató de regular el derecho de huelga con la presentación de un Proyecto de Ley Orgánica de Huelga y Medidas de Conflicto Colectivo que se publicó en el boletín oficial de las cortes el 1 de junio de 1992, como respuesta a huelgas salvajes que se produjeron en algunos servicios públicos como el transporte de Madrid, dominados por representaciones laborales no sindicalizadas y que nada tenían que ver con las organizaciones sindicales mayoritarias. La pelea entre Gobierno y sindicatos se saldó con un nuevo proyecto de ley, que a pesar de que se salvó la tramitación en el Congreso y en el Senado, provocó grandes disputas entre los miembros del Gobierno. El entonces ministro de Economía, Carlos Solchaga, se oponía lo mismo que la CEOE. La fuerte división del Ejecutivo terminó en la convocatoria de elecciones anticipadas de junio de 1993, quedando frustrada la nueva ley. “Al final, los empresarios llegaron a la conclusión de que les favorecía más la situación actual que los cambios que se planteaban. Así mismo, varias de las demandas empresariales – sobre las huelgas de solidaridad, sobre la pretensión de prohibir como políticas las huelgas generales, el funcionamiento de piquetes informativos,etc – tropezaban con los preceptos constitucionales o con sentencias del Tribunal Constitucional”, apunta Zufiaur.

 

 

Ahora, en cambio, la patronal dispone de una gran oportunidad para lograr su objetivo. La coyuntura es perfecta. El capitalismo financiero triunfa junto con la ideología neoliberal imponiéndose a los Estados y  el PP gobierna con mayoría absoluta. ¿Se puede pedir un escenario más idóneo para dinamitar las relaciones de trabajo y los derechos conquistados hasta el momento?

 

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20 Comentarios

Comentarios

20 Comentarios

  1. POCHOLO dice:

    La Constitución no es un texto sagrada como demostraron PP y PSOE. Las leyes se pueden modificar. La pregunta que nos debemos hacer es si es aconsejable hacerlo. Por ejemplo, en Somalia los trabajadores no tienen reconocido el derecho de huelga ¿Se vive mejor en Somalia que en España? Si las huelgas pasan a ser ilegales ya no será necesario fijar servicios mínimos. Pero una huelga o un cierre patronal no es más que la expresión de un conflicto social latente que en un momento dado estalla. Ilegalizar las huelgas no significará que el conflicto social desaparezca.

  2. Carlos dice:

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