Política, tudosis

07 noviembre 2012

¿Tiene Rajoy lo que tiene que tener un presidente?

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Obama con las mangas remangadas y el botón de la camisa desabrochado en uno de los tantos mítines de los últimos días. No hace falta escuchar su voz poderosa ni la fuerza de sus palabras. Transmite que está ahí, esforzándose hasta donde haga falta. Su actitud infunde seguridad y anima a luchar por un objetivo común. Ya sé que las comparaciones son odiosas y que hasta el idolatrado Barack ha fracasado en muchos aspectos, pero miras a Rajoy y surge sola la pregunta: ¿qué tiene que tener un presidente?

Sea lo que sea que le advierte Rajoy a Obama, el reelegido presidente se parte

“Lo que tiene que tener un presidente es un gran equipo detrás. Eso es lo esencial”, asegura Arias Cañete, ministro de Agricultura y supuesto amigo de Mariano. Fiar todo al equipo es arriesgado porque, de sobra es sabido el autoengaño colectivo que aqueja a la gente que rodea al presidente. Cañete sale escopetado y me quedo con ganas de escuchar qué pasa cuando el equipo falla y uno se queda desnudo ante el espejo.

“Lo que diferencia a un presidente de otro cualquiera es el sentido de la estrategia, una visión compleja del mundo que le toca vivir y hacia dónde quiere ir” explica uno de los hombres que más ha meditado sobre la materia de la que están hechos los presidentes, pues ha trabajado hombro con hombro con varios. ¿Qué sucede cuando tienen que renunciar a sus principios? “Hay que estar preparado para, sin abandonar su posición ideológica, someterse a intereses nacionales que igual chocan con sus preceptos. Y eso lo tienen que hacer todos en un momento u otro, y si no lo hacen, se estrellan”, concluye. Repasas la lista de renuncias de Rajoy mentalmente y te das cuenta de que su capacidad de traicionar sus principios es tan ilimitada que igual necesitaría un libro de autoyuda tipo “Cómo aprender a decir no” para no estrellarse por pasarse de la raya.

 

 

Poco comparte con Obama, excepto la altura en el sentido más literal

A Jesús Posadas, presidente del Congreso, no le cabe la menor duda de que el Rajoy del que en su propio partido dicen, “qué esperabas, es Rajoy en estado puro”, es un presidente de libro: “No creo que las cualidades básicas que deben caracterizar a un presidente hayan cambiado mucho en los últimos 30 años. 1) Patriotismo; 2) Capacidad de conocimiento de los problemas; 3) Firmeza en los momentos difíciles, y 4) Disposición a mantener el rumbo cuando las cosas vienen complicadas”. ¿Y posee Rajoy esas cualidades?, le pregunto. “No me cabe duda de que tiene todas ellas, solo necesita que se las reconozcan”.

¿Tiene que gustar un presidente a quienes no le han votado? “Es difícil que les guste, pero tiene que hacer entender por qué hace las cosas. Y yo creo que la gente sí que comprende el motivo que empuja al presidente a hacer todo lo que está haciendo”. La deseada simbiosis, sin embargo, no parece haberse producido por ahora. La sensación de que hay una desigual distribución de los sacrificios y de que se está sobrecargando a una clase media que encima tiene que aguantar la cantinela de que han vivido por encima de sus posibilidades, es lo que muchos ven las escasas ocasiones en las que el presidente da la cara.

Ramón Jáuregui, ex ministro de presidencia, tiene claro el perfil que urge. “En primer lugar, la España de hoy necesita un presidente con capacidad de liderazgo y que sepa hacer pedagogía. Cuando la ciudadanía está tan desesperanzada, hay que salir a decir qué es lo que tenemos que hacer pero no veo esa capacidad de convicción. En segundo lugar, se necesita un presidente que favorezca el diálogo y promueva la política del pacto para incorporar más fuerzas al Estado”.

Eso es lo que llevamos pidiendo los ciudadanos desde que la crisis se reveló monstruosa, también a Zapatero, un pacto de Estado, le recuerdo. “La diferencia es que entonces había un acoso y derribo y nosotros no pretendemos sustituir al Gobierno, todavía. Se necesitan grandes acuerdos. Y en tercer lugar, un presidente tiene que saber cuáles son las coordenadas del tiempo y el espacio en el que vive. Estamos en un mundo incierto en el que Europa cada vez pinta menos, y tengo la sensación de que contemplamos la realidad desde una butaca, sin levantarnos, diciendo ¡qué bonito!”.  Para otro socialista, que fue presidente de la Junta de Andalucía durante 19 años, Manuel Chaves, “hay tres palabras que caracterizan a un líder político: 1) Credibilidad, 2) Generación de confianza y 3) Seguridad”.

 

Y qué hay del sentido común del que tanto presume Rajoy. ¿Sirve para gobernar? ¿es suficiente?. Un ilustre fontanero responde:  “Ese del que dicen que es el menos común de los sentidos, el sentido común, es esencial. Es el que le permite medir el hoy en relación con el mañana. Si se deja guiar solo por la utopía, el país no le seguirá y si se queda en la inmediatez de un problemita, el país no tendrá en quien confiar”. El desgaste de los presidentes sale a escena.

Ha pasado menos de un año desde que Rajoy está en Moncloa, y parece que lleva media vida. ¿Cómo se maneja el desgaste?. “Un presidente tiene que saber atender a intereses generales porque quienes le votan no son solo gente del partido, también hay millones de ciudadanos que no se mueven por las siglas. En la acción de un presidente del gobierno hay dos fenómenos curiosos. Se empieza a producir desgaste porque algunos de los que le han votado dejan de identificarse con él al no dar soluciones a los asuntos que esperaban, y también surgen otros que no le han votado pero se sienten comprendidos y eso es lo que le hace revalidar o no su mandato”.

 

El presidente al que se acusa de estar missing, incluso de salir corriendo y evitar a la prensa, tanto que cuando le tienes delante tienes que espolearte para preguntarle sabiendo de antemano que no te va a responder, poco comparte con Obama, excepto la altura en el sentido más literal. Esa diferencia, podría ser un aliciente, un signo de personalidad, no querer parecerse al presidente al que todos los presidentes se quieren parecer en la actualidad. Yo, sin embargo, le veo más similitudes con los ganadores de Gran Hermano, que si lo piensas responden a un mismo patrón: pasar lo más posible desapercibidos.


Este artículo se ha publicado originalmente en www.zoomnews.es

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