Política, tudosis

14 noviembre 2012

Los diputados hacen huelga a la japonesa

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“Yo no voy a hacer huelga porque soy diputada y mi trabajo es resolver los problemas de los ciudadanos para que no tengan que manifestarse. Y que conste que no creo que haya que restringir ni modular el derecho de huelga”. Las palabras de Rosa Díez, líder de UPyD, se repiten entre sus señorías con una convicción patriótica que pone el vello de punta. Resulta irónico que justo esta semana que la actividad parlamentaría está a toda máquina, se haya convocado la huelga general. Nada más y nada menos que cuatro días de sesiones plenarias a cuenta de los presupuestos, más comisiones y ponencias. Una auténtica excepción que no se repite en todo el año. Para que luego se les acuse de escaquearse y currar por debajo de la media.

Me gustaría saber si sus señorías han ido a la huelga alguna vez, buscando la complicidad con quienes el miércoles 14 elegirán esta fórmula de protesta. Momento en el que los ojos les brillan mientras se transportan a otra vida. “Me sumé a la primera que le hicieron a Felipe González en el 88. Era muy joven e impetuosa, militaba en el PSOE y en UGT y lo viví como un gran drama porque para mi Felipe era mi ídolo. Estaba trabajando de abogado en un centro de derechos de la mujer en Valladolid y la hice con el corazón partio, como diría Alejandro Sanz”, rememora Soraya Rodríguez, portavoz socialista en el Congreso.

Diputados muestran carteles de apoyo a la huelga a pesar de haber ido a trabajar

Pedro Azpiazu, diputado del PNV, también evoca recuerdos de juventud. “He hecho huelga cuando estaba en la Universidad y luego también en el trabajo”, aunque enseguida se impone el presente: “Ahora estamos en una situación complicada y las huelgas no creo que arreglen casi nada. En Euskadi no hay consenso entre los sindicatos. La huelga la han planteado los sindicatos españoles”. A Pere Macías, de CiU, la pregunta le causa el mismo efecto, pero el viaje al pasado tampoco le dura. “Cuando era joven si que he hecho huelgas. Claro que las huelgas son instrumentos democráticos que hay que administrar bien. No creo que esta huelga vaya a servir para mucho, veo complicado que tenga una utilidad práctica. Aunque encuentro justificado que muchos ciudadanos quieran ejercer ese derecho. Sánchez Llibre y yo tenemos en tres días 32 intervenciones, así lo que vamos a hacer es una huelga a la japonesa”.

Trabajando a tope, más incluso que otros días, van a pasar la jornada de huelga sus señorías. “Ahora no puedo hacer huelga porque no estoy en un trabajo fichando, pertenezco al poder legislativo y no podemos ponernos en huelga, aunque el grupo va a descontar el día a todos los diputados como un gesto público de solidaridad. También hemos pedido al presidente, Jesús Posada, que no ponga pleno por la tarde para que podamos acudir a las manifestaciones”, explica Soraya Rodríguez. Su colega de partido, Gaspar Zarrías, comparte su punto de vista, aunque con un punto mucho más épico: “Yo hacía huelgas cuando no había libertad para hacerlas. Sirven para reivindicar unos derechos, y aunque coincido al 100% con los motivos de la huelga, mi papel es estar aquí, intentando cambiar las cosas para que no tenga que haber huelgas”.

El sentido de las huelgas

Siempre hay alguno que tiene que romper el consenso, como Cayo Lara, líder de IU. Un adicto a las huelgas, si le comparamos con la media de los diputados: “Claro que voy a hacer huelga. Creo que he hecho todas las que han convocado los sindicatos, porque es el único instrumento que queda contra los ataques que se nos han hecho. Esta huelga en concreto es muy importante porque no es solo contra el Gobierno español sino también contra la política de la UE y se produce a la vez en Grecia, Portugal y parcialmente en Italia”. ¿Para qué sirve la huelga? “Si no hubiese sido por las huelgas, hoy no habría una jornada laboral de 40 horas, por ejemplo. Algo que ahora nos quieren quitar. La diferencia de esta huelga con las que hacíamos antes, es que eran para lograr conquistas y ahora es para que no nos roben los derechos conquistados”.

 

Hablando del pasado, el popular Martínez Pujalte, se remonta a los tiempos de la revolución industrial para justificar su rechazo. Sus palabras podrían parecer anecdóticas si no fuera porque más de un compañero de filas se suma a su opinión: “Creo que lo que se entiende por huelga, lo que yo he estudiado, es un movimiento de los trabajadores para presionar al patrono y conseguir mejoras laborales. Ahora no existe ese problema. Pero en el siglo XXI, se usa para presionar a los poderes públicos porque no estás de acuerdo con ellos. No entiendo nada. Creo que se ha politizado porque a los sindicatos les interesa”. Y con este anacronismo me deja de piedra, incapacitada para trabajar hasta que pase la huelga.


Este artículo se ha publicado originalmente en ZoomNews.es

 

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15 Comentarios

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  1. Doro Balaguer dice:

    El esfuerzo para desprestigiar los sindicales va ganando cada día más sectores sociales influidos por comentaristas, analistas, políticos, medios de comunicación y en general por ciudadanos que trasmiten los mensajes sin tener ni idea del tema. Después de intentar demostrar que los sindicatos dan mala imagen, están anticuados, no aprovechan para nada, sus dirigentes engañan a los afiliados, no defienden a los trabajadores y cobran sueldos millonarios, lo más habitual es que se remate la crítica por parte del comentarista de turno afirmando que no está en contra de los sindicatos, que los sindicatos son necesarios. Es decir, se está a favor, faltaría más, de la existencia de sindicatos y sindicalistas, como manda la democracia, pero no de estos sindicatos y no de estos sindicalistas que tenemos (elegidos democráticamente por los trabajadores). No detallan nunca de qué magníficos sindicalistas hablan. Posiblemente les gustarían unos sindicatos que no protestaran, que no se movieran, que no molestaran. Que no organizaran huelgas ni manifestaciones. Puede que añoren los tranquilos sindicatos verticales. O bien, que consideren los actuales demasiado rojos.. Los tópicos contra los sindicatos se han intensificado con la crisis, aprovechando las últimas huelgas, particularmente con la reciente del 14 de Noviembre del 2012. Antes de empezar ya se cantaba el fracaso por el coro de periodistas y políticos. Se señalaba con insistencia su inoportunidad en plena crisis. Parece que hay que protestar sólo cuando no existen motivos para protestar. Nadie entraba en si había razones para convocar una huelga o no había, simplemente se vaticinaba que sería un fracaso: es decir se utilizaba la mejor arma disuasoria para desanimar. Quienes auguraron el fracaso de la huelga ya estaban proclamando el escaso seguimiento, incluso antes de empezar. Los sindicatos, consideraban la huelga en circunstancias de crisis, no como inoportuna, sino como muy difícil: por la precariedad laboral, la impunidad de los empresarios para despedir trabajadores, los recortes salariales en caso de faltar al trabajo, las represalias empresariales y la no convocatoria por parte de algunos sindicatos que afectaba a nacionalistas en Euskadi i a funcionarios. Aun así la valoración sindical ha sido positiva: proclamaron un apreciable seguimiento de la huelga y un gran éxito de la manifestación, considerando las dos protestas vinculadas por el mismo llamamiento y los mismos objetivos. Las explicaciones y los argumentos de unos y otros han sido muy contradictorios. Cómo siempre la ideología política y no la realidad de los hechos dominaba las opiniones. Los medios de información profesionales, mayoritariamente en manos de la derecha más inmoderada, consideraban fracasada la huelga general y reconocían un cierto éxito de asistentes a la manifestación que la siguió, silenciando que la mayoría de manifestantes no expresaron su protesta en la huelga para no perder el sueldo. Los sindicatos aducen que no se puede separar la manifestación de la huelga, lo cual tiene sentido. En cualquier caso, la mayoría de comentarios de prensa se centraban en la presión de los piquetes informativos, en la actuación de los grupos antisistema, en que el País no se había paralizado, en las tiendas que no habían cerrado, (sin considerar que el comercio minoritario es un estamento empresarial, no sindical, resistente a no cerrar nunca) Los sindicatos tienen bastante razón argumentando que la presión empresarial es mucho más fuerte que la de los piquetes. Es como comparar la presión del Corte Inglés sobre sus trabajadores y la de un grupo de huelguistas gritando a su puerta entre policías. Hoy, al menos en el mundo occidental, es imposible paralizar ningún País por una huelga, hay demasiadas técnicas para desvirtuarla, empezando por unos servicios mínimos excesivos y unas condiciones sociales y laborales de extrema precariedad. Existen las condiciones pera que siempre se pueda proclamar el fracaso de una huelga. El empresariado manda y la sociedad:, la prensa, los ciudadanos, incluso el gobierno…acatan. La desigualdad social es cada día más abismal y menos democrática. Unos pocos ciudadanos detentan el poder real, cuentan más que los gobiernos a su servicio, y la mayoría de ciudadanos no cuentan para nada. Por eso mismo, las huelgas, las protestas, los movimientos sociales i sindicales son más necesarios a pesar de sus dificultades y su mala prensa.

    Doro Balaguer

  2. como manda la democracia, pero no de estos sindicatos y no de estos sindicalistas que tenemos (elegidos democráticamente por los trabajadores). No detallan nunca de qué magníficos sindicalistas hablan. Posiblemente les gustarían unos sindicatos que no protestaran, que no se movieran, que no molestaran.

  3. Jyoti dice:

    oye! donde trabajas? en Torrevieja o en la Vila.Lo digo pq como en la web de la SERAM ponen la Vila y te he padetoso que saludases a un amigo mio de alled que creo no vas a poder saludar.

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