Política, tudosis

20 junio 2013

Cuando el miedo hace gobernar a decretazo limpio

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-El decretazo compulsivo delata el miedo del Gobierno y la falta de seguridad

-Bañez, Wert, Gallardón o Mato no se atreven ni a mirar a los periodistas por miedo a tener que responder.

-La resaca tras la cogorza de reformas evidencia el fracaso en los objetivos

Los ministros y Mariano Rajoy, en una reunión con el rey Juan Carlos / Getty

 

 

No negocian, decretan. No se explican, se esconden. No debaten, prohíben. No dan la cara, huyen. Transmiten miedo, el temor de no saber qué hacer para salir del pozo. El ejecutivo de Rajoy está encerrado en sí mismo, como si hubiese perdido la confianza, como si ni tan siquiera el autoengaño colectivo latente en todo equipo de similares características fuera ya suficiente. Los ministros contestan con evasivas, “no me preguntes, no puedo dar mi opinión” o “ahora no puedo, me están esperando” o “no voy a hablar de eso”. Wert, Mato, Gallardón o Bañez ya ni tan siquiera echan mano de obviedades. “Tienen pavor a que sus palabras se saquen de contexto o se malinterpreten, ¿cómo te sentirías tú?”, dice un diputado popular excusándoles como si cargasen a la fuerza con la cartera, como si el escrutinio público fuese razón de peso para paralizar a un gobierno.

La resaca legislativa de nuestro gobierno tras la cogorza de reformas y recortes ni tan siquiera ha logrado su objetivo de rebajar el déficit público

 

“El gobierno actual cada vez es más débil porque tiene miedo. Quieren cambiar la realidad a golpe de Bolentín Oficial del Estado. Un político fuerte aunque no tenga apoyo popular, llegará a pactos para hacer reformas. Se vale por sí mismo. El gobernante que no tiene miedo no es autoritario. Cuando los gobiernos son débiles se bloquean y ven enemigos por todos lados. Si los escraches, por ejemplo, les atemorizan es porque son débiles. Es como cuando dicen que en Madrid hay muchas manifestaciones y que son incómodas, claro, ese es su fin”, explica Antonio Rovira, catedrático de Derecho Constitucional y ex Defensor del Pueblo en funciones, al que le parece que el poder legislativo está funcionando mal.

 

 

“El PP ha hecho 20 decretos ley en los seis primeros meses de Gobierno, frente a los cinco que se aprobaron con Zapatero y los ocho de Aznar en el mismo periodo de tiempo”. Felipe González aprovechó la presentación del Informe sobre la Calidad de la Democracia que elabora la Fundación Alternativas, para comparar las maneras con las que se gobierna. La absoluta excepcionalidad de los decretos ley justifica difícilmente que se utilicen con tanta soltura, ya que en el artículo 86 de la Constitución dice que solo “en caso de extraordinaria y urgente necesidad, el Gobierno podrá dictar disposiciones legislativas provisionales que tomarán la forma de Decretos-leyes …”. Como no se especifica cuáles son los supuestos urgentes, cada gobierno lo emplea a discreción. En 2012 se han tramitado 29 decretos leyes y se han impulsado 33 proyectos de ley, con la excusa de la crisis se ha dirigido el país a decretazo limpio. Si la media de decretos de Zapatero fue de 1,26 al mes, la de Rajoy  es 2,47 al mes, según cálculos del citado estudio.

 

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados / Getty
Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados / Getty

 

El primer New Deal de Roosevelt arrancó con 15 proyectos de ley en cien días, que incluían las hipotecas, la banca, la energía, la industria, la agricultura, como relata Joaquín Estefanía en el libro ‘La economía del miedo’. Aunque las medidas de Roosevelt para salvar el capitalismo distan de las del Ejecutivo de Rajoy, básicamente porque se invirtió dinero público en mejorar las condiciones de vida, atajando el paro que llegaba al 25%, impulsando los sindicatos y la negociación colectiva, fomentando hipotecas subsidiadas para familias de bajos ingresos y regulando el sistema financiero para mantenerlo bajo vigilancia, entre otras muchas intervenciones estatales.

 

La resaca legislativa de nuestro gobierno tras la cogorza de reformas y recortes ni tan siquiera ha logrado su objetivo, rebajar el déficit público al 6,3%, como tampoco el abaratamiento del despido ha frenado la destrucción de empleo. “Se está legislando tanto que ya no es un instrumento para ordenar y regular, ahora solo se hace para recibir aplausos o contentar a los amigos. Se han aprobado leyes y leyes pero hay mucha legislación que no se puede aplicar, lo cual desnaturaliza el poder legislativo”, recalca Rovira.

 

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