Política, tudosis

18 julio 2013

¿Puede Soraya ser la primera presidenta de España?

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¿Y si Rajoy dimite?

“Soraya es la única alternativa. En unas elecciones igual no arrollaba, pero en una nueva sesión de investidura su candidatura sería incontestable. Está teniendo una escuela magnífica y no ha metido la pata”, reconoce un cargo popular cercano al Gobierno.

La hipótesis, que hasta hace poco sonaba descabellada, va tomando cuerpo. No es la primera vez que se elabora un escenario teórico. Ya con Aznar y con Zapatero, sus equipos especularon con la posibilidad de una dimisión, consecuencia de la guerra de Irak, en el caso del popular, y de la bajada de pantalones ante Bruselas, en el caso del socialista. “Que quede claro que solo fue un ejercicio teórico”, puntualizan fuentes de ambos partidos. “La renuncia de Aznar a un tercer mandato ya era como una dimisión a plazo, pues obligaba a pensar en los procedimientos del relevo. Sólo se planteó un escenario teórico de renunciar un año antes de concluir el mandato, en el que el sustituto elegido terminaría la legislatura y luego se presentaba a las elecciones”, relata uno de los asesores que participaron. Es decir, que el Rajoy de entonces, sería la Sáenz de Santamaría de hoy.

 

Si se demuestra que el presidente del Gobierno ha mentido y que, a pesar de haber asegurado: “Nunca he recibido ni repartido dinero negro“, ingresó más de 40.000 euros anuales extra en 1997, 98 y 99 como señalan los supuestos originales de Bárcenas, tendría que abandonar su cargo. Teóricamente, claro: “Sólo con que Cascos o Arenas validara uno de los apuntes, Rajoy no podría seguir negándolo”, asegura un dirigente afín al presidente que es consciente de que “esto no ha hecho más que empezar”.

 

En sólo tres días el argumentario del PP ha cambiado radicalmente. Del “son fotocopias manipuladas sin valor en un juicio” a “no es un delito haber cobrado un sueldo del partido porque un ministro tiene una elevada carga de trabajo que hay que remunerar”, como defendía ayer un diputado popular a pesar de reconocer que en el grupo parlamentario están “devastados”. Que miembros del Gobierno de Aznar y dirigentes de primer nivel han estado recibiendo sobresueldos era, a estas alturas, algo asumido y razonado por las filas del PP. Solo se discutía sobre lo mal que estaba gestionando Cospedal el Barcenasgate, como si Moncloa y el Congreso estuvieran al margen de Génova. La mayoría creía, además, que si el tesorero apuntaba al presidente, firmaba a su vez su sentencia. Con el dedo puesto en el gatillo, las pruebas rodean al jefe. “Bárcenas ha perdido los nervios a los cinco minutos de entrar en la cárcel, por eso ha activado el botón de morir matando. Aunque algo muy brutal tendría que pasar para que Rajoy dimitiera. Otra cosa es si se puede gobernar con tanto desgaste”, reflexiona un destacado diputado.

 

Descartado que el PP decida convocar elecciones, algo de lo que tampoco quieren oír hablar en el PSOE porque dejarle caer no beneficiaría a ninguno de los dos partidos mayoritarios en las urnas, tal y como aducen unos y otros, sólo cabe preguntarse quién le sustituiría.

Y ahí surge su mano derecha, la mujer a la que Rajoy deriva el grueso de los asuntos de Gobierno, desde las gestiones diarias a otras más relevantes como apagar fuegos tan crepitantes como la ley del aborto de Gallardón: Soraya Saénz de Santamaría, “inteligente por encima de la media, una joya para el presidente”, como asegura una diputada popular. La vicepresidenta ha sabido preservar su imagen impoluta. Enseguida rectificó la negativa exposición mediática cuando al principio de la legislatura decidió apechugar sola en las ruedas de prensa del Consejo de Ministros con las malas nuevas. Entendió rápido que no era necesario quemarse para apuntalar su poderío. Dio un paso atrás y puso tanta distancia con Génova, que parecía que nunca había pisado la sede del PP. Su cerrado círculo, la brigada Don Limpio, se ha empleado a fondo para transmitir en petit comité al poder empresarial y mediático que están libres de pecado y solo se dedican a currar de sol a sol para sacar a este país del catastrófico estado en que se lo entregó Zapatero, mientras ella invitaba al ministro de turno a inmolarse los viernes como si fuese la conductora de un reality político.

 

“Nunca ha habido una situación tan límite como la de ahora, ni siquiera en los peores momentos de los 90, con los GAL y Felipe. Jamás manejamos la hipótesis de que un presidente tuviera que dimitir. La única vez que se dudó, los que estábamos en el Gabinete o asesorando a Zapatero -y como especulación absoluta- fue cuando ZP dijo aquello de ‘Me cueste lo que me cueste, tomaré las decisiones que España necesita‘ en julio de 2010″, tras agachar la cabeza ante la amenaza de la troika de dejar caer a España si no se atajaba el déficit. Entonces, como ejercicio teórico, los hombres del presidente valoraron dos posibilidades, convocar elecciones o elegir un candidato y hacer un debate de investidura: “Cosa entonces absurda, porque según estaba la situación no íbamos a conseguir nunca los 176 votos necesarios”.

 

“Ese no sería el caso del PP, que si elige a otro candidato, tiene los 176 votos asegurados dada su mayoría absoluta”, revela uno de los socialistas que participaron en esa especie de test de estrés gubernamental.

Al final, ninguno de los anteriores presidentes tuvo que poner en la práctica los simulacros previstos en caso de incendio. Está por ver que el actual equipo del presidente se libre de gestionar tan excepcional situación.

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