Política, tudosis

17 noviembre 2014

Corinna, Victoria y Olga María, regeneradoras de la política

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Corinna, Victoria y Olga María

Las novias de Juan Carlos I, Jordi Pujol Jr. y Monago han sacado brillo a la corrupción de este país. En meses, han hecho más por la regeneración política -palabra sobada por Rajoy hasta la extenuación- que los partidos contra la corrupción. Son tres mujeres denostadas y hostigadas en una sociedad con unas dosis de cinismo importante: Corinna zu Sayn-Wittgenstein fue la amiga del rey y detonante fundamental de la abdicación de Juan Carlos I; Mª Victoria Álvarez era compañera sentimental de Jordi Pujol Jr., que tiró del hilo que ha permitido al juez llegar a los dineros en maletas para Suiza y Andorra de los Pujol. Y la empresaria colombiana Olga María Henao fue novia de José Antonio Monago, el presidente de Extremadura, y de Carlos Enrique Muñoz, otro diputado del PP que la ha abandonado. Gracias a Henao, la ciudadanía ha constatado que sus señorías disfrutan de algunos privilegios políticos asombrosos para cualquier empresa privada: no tienen que justificar las razones de sus viajes ni sus gastos personales. Es decir, además de por trabajo se puede viajar por turismo o a ver la novia a costa del erario público.

 

“Es cierto que sin complejos ni pelos en la lengua, han dado la cara poniendo en evidencia el estilo de vida de los representantes públicos, habituados a no dar explicaciones ni pedir perdón por su conducta. Habría que agradecerlas su contribución a limpiar el sistema democrático en vez de señalarlas con el dedo”, subraya una profesional de un gran gabinete de comunicación, que prefiere preservar su nombre, ante el temor a sus clientes políticos y a alguna feminista radical.

 

No se trata de convertir a Corinna, Victoria u Olga María en las heroínas anticorrupción, ni de luchadoras por los derechos de las mujeres. Es obvio que ellas hubieran preferido pasar inadvertidas. En ocasiones, las repercusiones mediáticas han terminado perjudicándolas -Corinna ha declarado que tras conocerse su amistad con Juan Carlos, su negocio se vio muy dañado. Victoria Martínez ha rodado por las teles contando que, tras sus contactos con Alicia Sánchez Camacho y Moragas, el PP la ha dejado tirada. A Olga María Henao ya la han tildado de “cazadiputados” en la prensa ultraconservadora, disculpando a Monago y Muñoz como pobres víctimas de la militante del PP. Una muestra más del cinismo y la doble vara de medir de los sectores más poderosos. A nadie se le ocurriría decir de la amiga de Sira, Rosalinda Fox, la amante de Juan Luis Beigbeder, primer ministro de Exteriores del franquismo, las barbaridades que se dicen sobre estas tres señoras.

 

El fenómeno es “peculiar” comenta el historiador Santos Juliá, a quien interrogamos por alguna otra novia o amiga íntima que haya jugado un papel clave en las historia reciente de España, en línea similar a las mencionadas. Tras meditarlo, Juliá nos remite a una amante de un implicado en la sanjurjada de agosto de 1932. Sale en los diarios de Azaña, el día 9 de agosto de 1932, durante una reunión de Azaña, Casares (ministro de la Gobernación) y Menéndez (director general de Seguridad). Escribe Azaña en su diario:

 

“Nos reunimos los tres solos, serían las seis de la tarde. Menéndez, que es muy locuaz y acalorado, me refiere que, según las últimas confidencias, el golpe es para esta noche, en Madrid. Se proponen asaltar el Ministerio de la Guerra y la Telefónica. La confidencia procede de una mujer, amante de uno de los oficiales comprometidos; no es la primera, a lo que entiendo, que se relaciona con la Dirección general. La mujer ha delatado para que a su amigo no se le haga ningún daño. Creo entender, a través de profusas explicaciones de Menéndez, que el oficial amigo de la confidente está aterrado de los compromisos que ha adquirido. Que esto es verosímil lo indica el hecho mismo de que se haya franqueado con la querida. [...] Dijo la mujer que esta tarde, a las cinco, tenían una reunión en un café varios conspiradores, algunos conocidos, cuyos nombres dio. La policía ha observado que, en efecto, se han reunido quienes y donde dijo. No es, pues, una embustera. También ha anunciado que esta noche, a las doce, se reúnen en un piso del nº 9 de la calle Bárbara de Braganza…”

De la dama que trató de salvar a su querido hombre allá por 1932, nunca más se volvió a saber, pero prestó un favor a la ya débil democracia de la II República.

 

Nos podríamos remontar hasta los egipcios para hablar del papel de las novias de los políticos en la cosa pública, pero fue Julio César quien acuñó el término amantes políticas, en el sentido de servicio público. Era una forma de diferenciar a sus queridas tanto de su mujer oficial, Calpurnia, como de Servilia, su amante oficial y, por cierto, madre de Bruto. Julio César constató lo importante que era acostarse con las mujeres de sus amigos y enemigos políticos para tener una fuente inagotable de información.

 

Al catedrático y politólogo Fernando Vallespín le cuesta dar con casos similares a los de Corinna, Victoria u Olga María. Que tengan una influencia práctica y regeneradora como la abdicación, el fin de una saga histórica como los Pujol por la corrupción o la apertura del debate sobre los usos y costumbres que practican sus señorías con las dietas -para una buena parte de la población, en estos momentos elevadas- de que disfrutan. Vallespín recuerda el caso Prófumo, pero Christine Keeler estaba más cercana a las espías estilo Mata-Hari o a la historia exagerada de la Condesa de Romanones. Si las mujeres espías, tan hermosas para engrosar la leyenda, quedan lejos de las luchadoras por los derechos de la mujer, estas tres señoras pertenecen a otro ámbito peculiar y diferente, propio de la actual situación de este país.

Quizá algún día den para algo más que para echarles la culpa de los males que han causado a sus inocentes y amantes enamorados. Ni siquiera Podemos ha sido tan efectivo, por ahora, como el ventilador que se puso en marcha en torno a estas señoras.


Artículo publicado originalmente en el Huffington Post

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